Suplemento de “Economía y Mercado”
de “El País” de 19.02.04
Hay 450.000 uruguayos en el exterior, el 13%
de la población total del país
EL EMIGRANTE PROMEDIO TIENE MAS DE NUEVE
AÑOS DE EDUCACIÓN FORMAL.
A efectos de conocer algunos aspectos de su último estudio conjunto,
"Uruguay: La emigración reciente", aún no publicado, ECONOMÍA
& MERCADO entrevistó a la demógrafa Adela Pettegrino y la economista
Andrea Vigorito.
Pellegrino expresó que hay entre 430.000 y 450.000 uruguayos residiendo
en el exterior, lo que equivale aproximadamente al 13% de la población
total del país, de acuerdo con la estimación realizada en el Programa
de Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar. Desde
1996 hasta fines de 2002 se habrían ido casi 100.000 personas, una
cifra muy alta para Uruguay.
En relación a las características más relevantes de los uruguayos
que emigraron en la última oleada, la demógrafa dijo que los que partieron
en el año 2002 poseen un mayor nivel educativo que quienes se fueron
antes.
Vigorito, por su parte, señaló que aproximadamente en el 29% de los
hogares relevados se encontraron personas que declararon su interés
en emigrar, especialmente a España y Estados Unidos y, en una menor
medida, a Italia y Brasil En cuanto al porcentaje de emigrantes que
remite dinero a sus familiares en Uruguay, aunque es muy poca la información
conocida, se deduce de los datos disponibles que nuestro país no ha
sido tradicionalmente un receptor en grandes cantidades a pesar de
haber tenido una emigración importante desde hace más de treinta años.
De acuerdo con los datos recabados, los emigrantes que envían dinero
son el 22.7% del total.
A partir de estimaciones del Banco Central del año 2000, Vigorito
concluyó que las remesas de dinero serían en promedio aproximadamente
U$S 90 anuales per cápita, siempre que todos los emigrantes enviaran
dinero. Es una cifra muy baja en comparación no sólo con los giros
a otros países de América Latina, sino también con respecto al PIB
y al ingreso de los hogares de Uruguay.
“Uruguay no es un país receptor de remesas de dinero en grandes
cantidades”
La sobre representación de la emigración calificada uruguaya es importante
si se la compara con la población residente en el país .
El mayor nivel de educación es la diferencia principal que se observa
entre los emigrantes que partieron en 2002 y aquellos que se fueron
antes de esa fecha. Esa es una de las conclusiones del estudio "Uruguay:
La emigración reciente" realizado por la demógrafa Adela Pellegrino
y la economista Andrea Vigorito. Entrevistadas por ECONOMIA &
MERCADO, las autoras explicaron que como no se previeron mecanismos
a nivel oficial que permitiesen evaluar precisamente la fuerte oleada
emigratoria registrada a partir de 1999 ni tener un perfil de estos
emigrantes recientes, la única información objetiva con que contaron
es la que surge de los resultados de la Encuesta de Caracterización
Social (ECS) efectuada por el Banco Mundial en diciembre de 2002.
En un muestreo que cubrió más de 2.500 hogares, se incluyeron algunas
preguntas formuladas a los familiares de los emigrantes, que estaban
orientadas a recoger información sobre el impacto de dicho fenómeno
en los hogares y sobre algunas características de los uruguayos que
se fueron del país en los últimos años. A continuación se publica
un resumen de la entrevista.
—¿Desde cuándo existe un fenómeno de emigración de grandes proporciones
en Uruguay?
Adela Pellegrino —A mediados de los años sesenta comienza a manifestarse
un fenómeno de emigración en Uruguay, pero esa tendencia es general
en toda América Latina. Para ello no sólo influyen los problemas internos
de los países de la región, sino también la demanda de mano de obra
de los países desarrollados. Es durante esa década que se producen
cambios importantes en la legislación migratoria tanto de Estados
Unidos como de Canadá y en ambos casos resulta en un aumento de la
inmigración proveniente de América Latina. Por entonces las corrientes
tradicionales de inmigración europea iban perdiendo importancia. La
demanda de trabajadores para una industria en expansión en Norte América
abría el reclutamiento hacia otras regiones diferentes a las que tradicionalmente
habían abastecido su fuerza de trabajo.
La "diáspora" uruguaya se acelera en la década siguiente,
en particular en 1974 y 1975, como consecuencia del Golpe de Estado,
agregándose las causas políticas a las económicas. En la década siguiente
hay un nuevo empuje emigratorio como consecuencia de la crisis económica
resultante del quiebre de la "tablita".
—¿Cuántos emigrantes uruguayos estima que hay en el mundo y qué porcentaje
representa la emigración reciente, es decir a partir de 1999?
AP —De acuerdo con la estimación que realizamos en el Programa de
Población de la Facultad de Ciencias Sociales de la UdelaR, hay entre
430.000 y 450.000 uruguayos residiendo en el exterior, lo que equivale
aproximadamente al 13% de la población total del país. Desde 1996
hasta fines de 2002 estimamos que se fueron casi 100.000 personas,
siendo esta una cifra muy alta para Uruguay.
—¿Cómo se calcula esa cifra?
AP —La estimación global surge de los uruguayos que se fueron a partir
de 1963 —fecha en que se efectuó un Censo Nacional de Población y
Vivienda— hasta 1996 cuando se efectúa otro Censo. Para calcular la
población faltante durante ese período se proyecta la cantidad de
personas que deberían residir en el país de acuerdo con la tasa de
crecimiento natural, es decir sumando nacimientos y restando defunciones
en cada período intercensal. Si la cifra de habitantes registrada
en el Censo no alcanza los niveles resultantes de dicha proyección,
entonces la diferencia se atribuye al saldo migratorio que en el caso
de Uruguay fue negativo durante todos esos años. Por su parte, el
cálculo de migración entre 1996 y 2002 —período en el que no se realizó
ningún censo poblacional— se basa en la diferencia entre entradas
y salidas por el Aeropuerto de Carrasco, que constituye la única aproximación
posible a la estimación de la emigración reciente. Al saldo resultante
del movimiento de pasajeros por el aeropuerto le sumamos una estimación
del número de personas que saldría por otros puestos fronterizos.
—¿Cómo ha evolucionado la corriente migratoria hacia el exterior
en el último año?
AP —En el año 2003 el saldo fue negativo en 23.400 personas, siendo
algo más bajo que en 2002, que fue el año con el mayor número de emigrados
(27.400) de los últimos tiempos. La exigencia de visa de turista para
ingresar a los Estados Unidos seguramente detuvo o disminuyó el flujo
hacia ese país. Es aventurado hablar de un cambio de tendencia, pero
es probable que se esté produciendo un agotamiento de la gente con
voluntad emigratoria al tiempo que algunos síntomas de recuperación
y la perspectiva de cambios políticos pueden estar generando condiciones
que alientan a no emigrar. De todos modos, no debemos olvidar que
las cifras son aún muy elevadas para un país con unos 3.3 millones
de habitantes.
Características
—¿Cuál es el perfil del emigrante reciente?
AP —Entre los emigrantes recientes hay una mayoría, aunque no muy
grande, de hombres, que representan el 54.3% del total de uruguayos
que se fueron del país entre 1999 y 2002, y la cantidad de jóvenes
es superior a la de otros grupos etarios. Los datos recogidos por
la ECS confirman un perfil de los emigrantes actuales similar al que
fuera registrado por la Encuesta de Migración Internacional de 1982.
Existe, no obstante, una sobrerrepresentación de mujeres (66.7%) en
el grupo de sesenta y más años debido, presumiblemente, a procesos
de reunificación familiar. En ese sentido, ya se observaba en trabajos
de períodos anteriores que las parejas jóvenes con hijos tienden a
convencer a sus madres de la necesidad de reunirse con ellos en el
lugar de destino. En dichos hogares en el exterior, las abuelas juegan
un papel importante en el cuidado de los niños y del hogar, mientras
que las parejas jóvenes dedican la mayoría de su tiempo a trabajar
fuera del hogar.
—¿Cuáles son las características más relevantes de los emigrantes
uruguayos de la última oleada?
AP —Los emigrantes fueron clasificados en dos grandes grupos: aquellos
que partieron en el último año relevado (2002) y quienes se fueron
antes de esa fecha. La diferencia principal que se observa entre ambos
está relacionada con el nivel educativo. Mientras que este indicador
se mantuvo estable en las décadas de los setenta y ochenta, la presencia
de personas que terminaron los estudios universitarios aumentó de
15.7 % a 26.4% en 2002.
En general, el nivel educativo promedio del uruguayo que emigra es
bastante más alto que el promedio de la población del país. El emigrante
promedio tiene más de nueve años de educación formal, o sea que ha
cursado total o parcialmente el Bachillerato. Esto significa que hay
una selectividad hacia los más educados, lo cual ha sido tradicional
en la migración uruguaya. De todas maneras, la masificación de la
corriente migratoria de los últimos años permite apreciar que se ha
ido gente de todos los sectores sociales ya que la demanda de trabajadores
inmigrantes en los países desarrollados se orienta a los dos extremos
del mercado de trabajo.
—¿Guarda una cierta uniformidad ese perfil educativo relativamente
alto del emigrante uruguayo cualquiera sea el país de destino?
AP —No. La corriente migratoria uruguaya hacia Argentina, que era
muy fuerte en los años setenta, funcionaba como si fuera una migración
interna, o sea que la población que optaba por irse a vivir al vecino
país contaba con un nivel educativo similar al promedio del ciudadano
medio de Uruguay. A su vez, quienes emigraban a Estados Unidos tenían
un nivel más alto. De todos modos, la migración siempre es selectiva
hacia arriba en materia de educación.
—¿Es comparable en sus características la emigración uruguaya reciente
con la de otros países centroamericanos, como El Salvador, que tienen
una fuerte tradición en este tema?
AP —El Salvador y Uruguay pueden ser comparados como países que cuentan
con una parte muy importante de su población viviendo en el exterior.
La emigración uruguaya tiene un nivel educativo mayor como también
lo es Uruguay en su conjunto con respecto a aquel país centroamericano.
Sin embargo, no se puede identificar totalmente el nivel educativo
de la "diáspora" uruguaya con los de Argentina, Brasil y
Venezuela, países que tienen una emigración muy calificada. De acuerdo
con los datos que proporcionan los censos de Estados Unidos, se comprueba
que los emigrados uruguayos ocupan una posición media en el concierto
latinoamericano en cuanto a niveles de calificación profesional.
Destinos
—¿Qué destinos atraen a la mayoría de los emigrantes recientes?
AP —Es clarísimo que la migración de los últimos años se ha dirigido
preferentemente a Estados Unidos (33.3%) y España (32.6%). Luego las
opciones más importantes que siguen, aunque a mucha distancia, son
Argentina (8.5%) e Italia (4.7%). Esta distribución geográfica es
muy diferente a la observada entre los emigrantes de la década de
los setenta, cuando casi el 50% se dirigió a la Argentina, 11% a Estados
Unidos, 7.4% a Australia, 7.2% a Brasil y 4.8 % a España.
Las razones de este cambio en la orientación de las corrientes migratorias
se debe posiblemente al escaso atractivo de los países de la región
en virtud de las crisis económicas que han experimentado en los últimos
años. Argentina, que fue históricamente el principal receptor de emigrantes
uruguayos, presenta altas tasas de desempleo y un panorama económico
difícil; la situación económica en Brasil, aunque menos grave, ha
sido también compleja.
Australia, otro destino importante en la década de 1970, ha cambiado
su política migratoria ya que ha dejado de funcionar un programa oficial
destinado a captar emigrantes de determinados países, entre los cuales
se hallaba Uruguay. Hoy la obtención de una visa con permiso de trabajo
se ha vuelto difícil para los trabajadores uruguayos en ese país.
En cambio, Estados Unidos y España se convirtieron en los principales
focos de atracción de los trabajadores uruguayos y de toda América
Latina en la década pasada. La población uruguaya en Estados Unidos
creció de 18.000 personas registradas en 1990 por el Censo de Población
de ese país a 73.000 en el año 2000. De acuerdo con estos datos, la
tasa de crecimiento de la población uruguaya en Estados Unidos durante
el período 1990-2000 se ubicó entre las más altas de todos los países
latinoamericanos al tiempo que la tasa de crecimiento de la población
de Uruguay se ubicaba entre las más bajas. Por su parte, los uruguayos
radicados en España en 2001 sumaban 24.626, de los cuales 13.722 eran
españoles y 10.904 estaban clasificados como "no españoles",
según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas de España.
Predisposición
—¿Cuáles son la principales razones que aducen los uruguayos para
emigrar en el período reciente?
Andrea Vigorito —Las razones declaradas se relacionan estrechamente
con la situación del mercado de trabajo local, tanto por los bajos
ingresos como por el desempleo, y esto es válido para todos los grupos
educativos. A medida que el nivel educativo aumenta, la probabilidad
de estar desempleado disminuye y aumenta el peso de la insuficiencia
de ingresos en la decisión de emigrar. La búsqueda de una calidad
de vida mejor también fue indicada por un grupo importante de hogares,
hecho que puede estar asociado, también, a la disconformidad con las
posibilidades de empleo (Ver Cuadro Nº I).
La situación del mercado laboral es también una razón de emigración
relevante para todos los grupos etarios, aunque existen diferencias
según la etapa del ciclo de vida en la que las personas se encuentren.
Aun así, los problemas relacionados con el mercado de trabajo son
mencionados también en el caso de los adultos mayores, poniendo en
evidencia que los temas del empleo y los ingresos son también agudos
en estas edades. No obstante, los emigrantes más jóvenes y más aún
los adultos mayores son los que cambian de país por razones familiares.
—¿Qué predisposición migratoria existe entre los uruguayos en este
momento?
AV —Aproximadamente en el 29% de los hogares relevados se encontraron
personas que declararon su interés en emigrar, especialmente a España
y Estados Unidos y, en una menor medida, a Italia y Brasil. La preferencia
por España está mucho más concentrada entre quienes no han emigrado
aún que entre los expatriados. Las razones invocadas por estas personas
que viven en Uruguay son, en líneas generales, las mismas que señalaban
los emigrantes recientes: bajos ingresos, desempleo y deseos de mejorar
la calidad de vida.
Además, varios estudios sobre el tema han coincidido en este tipo
de resultados y muchos autores han sostenido la hipótesis de que el
hecho de tener familiares o amigos en los países de emigración tiene
un efecto dinamizador de la emigración porque permite el acceso a
redes sociales y actúa como efecto de demostración. Estos vínculos
crean una tendencia a emigrar independientemente de los factores económicos
que pueden estar afectando a una persona.
Retorno
—Si bien la mayor parte de los emigrantes declaran al partir su voluntad
de regresar a vivir en Uruguay, ¿cuál ha sido la magnitud del retorno
definitivo de emigrantes uruguayos?
AP—Todo movimiento migratorio tiene como corolario un porcentaje
de personas que retorna. Esa cifra es independiente de que la migración
haya sido exitosa o no. En Uruguay se ha registrado un retorno que
varía según las épocas. Después de reinstaurado el sistema democrático,
la vuelta de compatriotas fue significativa, aunque se esperaba un
número mayor ya que la estimación de retornados para el período intercensal
1985-1996 fue de 54.400.
—Si se mira con una perspectiva histórica, ¿hubo un retorno significativo
de aquellos españoles e italianos que venían a radicarse en Uruguay
a fines del siglo XIX y primera mitad del siglo pasado?
AP —Los retornos también existieron en aquellas épocas. No sólo ocurría
en el Río de la Plata, sino que también había un flujo de regreso
desde Estados Unidos, donde, por lo general, los emigrantes europeos
fueron muy exitosos. También es cierto que en la actualidad los adelantos
en los medios de transporte incrementan la probabilidad de que los
emigrantes retornen a su país de origen. Con el desarrollo de las
comunicaciones la gente permanece mucho más ligada a su patria y esa
vinculación puede facilitar el retorno. En cambio, la mayoría de nuestros
antepasados que llegaron a América no sabía leer ni escribir y sus
contactos con sus familias y pueblos de origen se perdían en una alta
proporción con el correr de los años.
Consecuencias
—¿Qué efectos tiene la emigración en la sociedad uruguaya?
AP —La emigración puede constituir una "válvula de escape"
en los países que atraviesan etapas de alto crecimiento de la población.
Por el contrario, en el caso de Uruguay, la emigración contribuye
a acelerar el proceso de envejecimiento de la estructura de edades
y a disminuir el ritmo de crecimiento e incluso a provocar el decrecimiento
de la población en algunos años. Además, provoca un efecto depresivo
sobre la sociedad porque no resulta nada alentador que los jóvenes
tengan como proyecto realizarse profesionalmente en otro país. Si
la emigración fuera concebida como una etapa o un proyecto transitorio
y hubiese un retorno seguro de los migrantes con conocimientos nuevos
incorporados, los resultados podrían ser positivos para la sociedad
uruguaya.
—Además de una posible reducción en el índice de desempleo, ¿no implica
la emigración algunos beneficios para la sociedad?
AP —A pesar de las divergencias en las evaluaciones de los procesos
emigratorios, hay dos grandes temas en los cuales suele haber acuerdo
en una variedad importante de autores: las remesas pueden ser consideradas
como un efecto positivo de la emigración y la pérdida de capital humano
como el efecto adverso. En Uruguay, la masificación de la emigración
tuvo como consecuencia que todos los niveles educativos están representados
entre los emigrantes; sin embargo, la sobrerrepresentación de aquellos
con estudios terciarios —o sea la migración calificada— es importante
si se compara con la población residente en el país.
Uruguay no es un país receptor de remesas de dinero
Cuadro I. Principales razones para emigrar según emigrantes recientes/Cuadro
II. Porcentaje de emigrantes que envían remesas a Uruguay, según fecha
de emigración